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lunes, 28 de julio de 2014

Envejecer y conducir




Muchos conductores mayores auto-regulan sus actividades detrás del timón a medida que se dan cuenta de que sus aptitudes para conducir van disminuyendo. Es posible que de manera voluntaria limiten la acción de conducir a determinados horarios y a lugares que para ellos sean menos exigentes. Otros deciden que ya carecen de las habilidades necesarias para continuar conduciendo.

“Hay necesidad de ayudar a quienes envejecen a reconocer sus cambiantes habilidades y a adaptar sus practicas de conducción propiamente, así como existe la necesidad de identificar, evaluar y regular a los conductores mayores con habilidades decrecientes que no pueden – o no quieren – adaptar sus hábitos de conducción de manera voluntaria”

Signos de la edad

Existen varios factores físicos vinculados con el envejecimiento que afectan la capacidad de manejar. Uno de ellos es la disminución de la capacidad visual que se manifiesta en una alta sensibilidad al brillo de la luz y en problemas de enfoque que dificultan la percepción de distancias, velocidades e incluso de profundidad. A esto se suma la falla en la visión periférica y algunos defectos refractivos como la miopía y la hipermetropía o enfermedades como el glaucoma, la degeneración macular y las cataratas que nublan la visión.

Simultáneamente con esta condición se puede presentar una pérdida considerable de la capacidad auditiva, un factor de vital importancia a la hora de manejar pues proporciona información adicional de la que se capta por medio de la visión, y es que oír la sirena de una ambulancia, los pitos que indican señal de alerta o el sonido que producen las llantas cuando frenan en seco, son pistas más útiles de lo que muchos imaginan.

Por otro lado, en algunas personas las articulaciones suelen endurecerse y los músculos, debilitarse, a esto contribuyen malos hábitos de vida como sedentarismo, consumir alcohol en exceso y fumar. Esta condición puede dificultar algunos movimientos como la capacidad de voltear la cabeza para ver hacia atrás o girar el timón rápidamente. Por eso una buena recomendación para conductores de todas las edades es mantener en forma los músculos del cuello, los hombros y los brazos por medio de ejercicios para incrementar su fuerza y, sobre todo, su flexibilidad.

Ahora imagina que el conductor que va delante frena intempestivamente. O que la calle por donde piensas girar ha cambiado de sentido y estás a punto de quedar en contravía. Para manejar de forma segura es especialmente relevante que el conductor reaccione de manera ágil, que pueda tomar decisiones rápidas mientras conduce para evitar un accidente. Con la vejez y con otras condiciones ya mencionadas, como el sedentarismo, el consumo de alcohol y la falta de práctica, se pierde parte de esta capacidad de reacción, o por lo menos se hace más lenta así como los reflejos. Por otra parte, se ha demostrado que algunos problemas de salud pueden dificultar la tarea de conducir un vehículo. Ejemplos de ello son la enfermedad de Parkinson, el Alzheimer, las lesiones causadas por accidentes cerebrocardiovasculares y la artritis. Adicionalmente, algunos de los medicamentos para tratar éstas y otras enfermedades tienen efectos sedantes y pueden llegar a afectar la percepción sensorial y la capacidad de reacción de quienes los toman.

Desarrollaremos una campaña de concientización del público sobre los conductores de riesgo, el transporte, y otros temas relativos a la vejez que tomen en consideración y aprovechen las campañas existentes con múltiples contactos y asociaciones. Igualmente dirigiremos actividades para informar a los abuelos conductores sobre los riesgos y las estrategias para controlarlos.

FUENTE: Alzheimer’s Disease Research